Hay muchas formas que utilizo para separar y catalogar a los hombres de mi vida. Entiéndase, ese grupo de seres humanos del sexo opuesto que me intrigan profundamente pero que nunca dejan de atraerme.
Hoy meditaba (en el único lugar donde es posible meditar este tipo de cojudeces: el baño) que hay hombres que me gustaron en algún momento y ya no me gustan (de hecho, algunos me ASQUEAN) y los que me gustaron, me gustan y me gustarán, hasta que hagan algo que me haga ponerlos en el otro grupo.
¿Porque es importante esta separación? Simple. Aquellos que me gustaron en algún momento no podrán, aunque intenten, volver a la categoría anterior. Es humanamente imposible. Debe ser mi condición de mujer neurótica la que me hace repudiar a hombres que podrían ser grandes amantes, excelentes maridos o padres ejemplares por cosas como sacarse un moco de la nariz en mi cara, rascarse el culo, eruptar, tirarse un pedo, oler mal, o peor aún, hablarme con mal aliento.
Esas son faltas, que a mi parecer, son irremediables.
mujer, novio, hombres, sexo, amor, histerica, loca


No hay comentarios:
Publicar un comentario